 El agitado modo de vida, el tráfico, las luces y los ruidos
que acompañan y crecen junto con la industrialización juegan en contra
al momento de lograr un buen descanso.
El humano -como así
también muchos animales y plantas- tiene un ciclo diario impuesto por
la madre naturaleza que, fundamentalmente, se divide en dos partes: una
activa (durante el día), y una de reposo (durante la noche).
Sin
embargo, y muy puntualmente, hay algunos casos como los de las panteras
(depredadores nocturnos) y las lechuzas que son excepciones, pero los
sistemas del cuerpo están diseñados y se regulan en función de dicho
ciclo que corresponde a la rotación de la tierra.
Está
comprobado científicamente que el hombre necesita dormir al menos 6
horas para recuperarse por completo de la jornada activa. El cuerpo
humano es como una batería que rinde una cantidad determinada de horas,
dependiendo del uso que se le dé puede extenderse un poco más o un poco
menos la duración, pero pasadas las 18 horas de actividad continua
necesita recargarse o, de lo contrario, comienza a fallar.
El
sistema nervioso central, funcionaría en esta analogía como las rallas
que marcan cuánto le queda de batería, ya que es quien recibe toda la
información de los demás sistemas - respiratorio, digestivo, excretor,
esquelético-muscular, cardiovascular-linfático, tegumentario (Piel,
uñas, pelo) y reproductor- que le avisan cuándo necesitan un descanso.
Sin embargo, existen factores emocionales y sustancias externas que
pueden alterar el normal funcionamiento de este complejo sistema y
hacer difícil detectar cuándo es momento de frenar.
Son muchos
los problemas que se pueden sufrir cuando esto sucede, entre ellos,
depresión, estrés, psicosis, debilidad, inmunodeficiencia y trastornos
del ciclo de reposo, entre otros.
El insomnio es uno de los
trastornos más comunes y se debe a varios factores. En principio, es un
desorden psíquico, que ayudado por sustancias como la cafeína y la
nicotina devienen en dificultades para dormir.
Existen tres tipos de insomnio: el intelectual o inicial, el intermitente y el matinal o terminal.
El
primero es el más frecuente, y consiste básicamente en tener
dificultades para conciliar el sueño. Se interpreta como una
manifestación neurótica que impide recibir el impulso enviado por el
cerebro para descansar. Es conocido también como insomnio intelectual
porque es habitual en estudiantes y artistas que se ven impedidos a
dormir por las pulsiones que los obligan a continuar con sus trabajos
pendientes, haciendo que les resulte extremadamente difícil pegar los
ojos y descansar.
El segundo, si bien presenta dificultades para
conciliar el sueño, consiste más bien en despertarse frecuentemente
durante las noches, con intervalos prolongados de vigilia. Las personas
que lo padecen se caracterizan por tener sueño liviano, que se corta
ante la mínima alteración del medio.
Por último, el tercer tipo
afecta de manera tal que las personas despiertan unas horas antes del
alba y no logran volver a dormirse, aunque parezca que se les cierran
los párpados y se sientan cansados, ya no les es posible conciliar el
sueño.
Estos tres se dividen además por duración distinguiendo
entre el insomnio transitorio o agudo (menos de 4 semanas), el insomnio
a corto plazo o subagudo (más de 4 semanas, pero menos de 3-6 meses)y
el insomnio a largo plazo o crónico (más de 3-6 meses)
También
puede distinguirse por su severidad el insomnio leve o ligero, con el
que existe un mínimo deterioro de la calidad de vida, el moderado, que
se da cada noche y en el que empiezan a surgir ciertos signos del
deterioro de la calidad de vida con síntomas como irritabilidad,
ansiedad, fatiga; y el severo, en el que los síntomas se sufren con
mayor intensidad y por tanto la calidad de vida se ve algo más afectada.
Los
riesgos del insomnio pueden ser: falta de concentración, somnolencia
diurna, cansancio, irritabilidad, mala memoria, desorientación,
hipotermia, ojeras, como así también accidentes de tráfico y laborales.
Las causas y las recomendaciones son similares en los tres casos.
Posibles causas:
La
cafeína es un estimulante del sistema nervioso y se debe interrumpir su
consumo 4-6 horas antes de acostarse (dentro de ese lapso sigue
habiendo, en la sangre, trazas de esta sustancia que, al menos en
algunas personas aparentemente más susceptibles, siguen provocando
insomnio, ansiedad, intranquilidad, nerviosismo). Además, aunque no
provoca adicción (dependencia física en el organismo), sí puede
provocar una dependencia psicológica.
La nicotina también es
un estimulante del sistema nervioso (y no un tranquilizante como se
suele creer) por lo que debe evitarse cerca de la hora de acostarse y
en los despertares nocturnos.
En tanto, el alcohol es un
depresor del sistema nervioso; que si bien puede facilitar el inicio
del sueño, provoca despertares a lo largo de la noche.
La
comida copiosa genera una sensación de saciedad que provoca sueño y
cansancio, sin embargo, éstas no son recomendables cerca del horario de
dormir ya que el sistema digestivo reduce su rendimiento y se hace más
difícil digerirla, provocando molestias durante la noche. Por tal
motivo, se recomiendan las comidas ligeras, pero nunca acostarse con el
estómago vacío.
El ejercicio vigoroso en las 3-4 horas previas a
la hora de acostarse puede causar insomnio pues el sistema nervioso se
activaría y la sensación de somnolencia se perdería.
El ruido,
la luz y las temperaturas extremas afectan al momento de conciliar el
sueño, ya que mantienen atentos alguno de los sistemas, por eso se
recomienda regular la temperatura (no más de 24ºC ni menos de 12ºC)
durante el periodo de sueño, lograr la mayor oscuridad, y en caso de
vivir en un lugar donde el ruido es continuo e inmanejable (ejemplo
cerca de la terminal de ómnibus), utilizar tapones para los oídos
Las situaciones de estrés temporal, debido a problemas o preocupaciones laborales, familiares, económicos etc.
También,
los cambios constantes en los horarios de sueño aumentan la
probabilidad de que se generen dificultades graves y crónicas para
dormir.
Recomendaciones:
En principio se
aconseja tener en cuenta las causas y modificar los hábitos antes
mencionados como tomar café, fumar, o ejercitarse antes de acostarse,
comer en exceso, y cambiar constantemente los horarios de sueño.
Es
bueno tratar de recuperar el ciclo natural. Fijar horarios para
acostarse en las noches, y durante el día hacer un esfuerzo por
mantener el cuerpo en constante movimiento y no dormir.
Una
ducha caliente antes de recostarse puede ayudar a relajar los músculos,
luego es aconsejable practicar ejercicios de relajación, como por
ejemplo estirar los dedos de las manos y de los pies uno por uno. Girar
el cuello hacia la izquierda y hacia la derecha en semicírculos cada
vez más amplios.
Luego, es recomendable recostarse boca arriba
y aflojar los párpados, las cejas, la frente, el cuero cabelludo, las
orejas, la nuca, el cuello, los hombros, los brazos, las manos, el
vientre, las piernas, y los pies, de adentro hacia afuera. Sintiendo y
relajando cada parte.
Esto le permitirá aflojar el cuerpo entero y sentir cómo la columna vertebral se va acomodando, pegándose a la cama.
Los
tratamientos farmacológicos no son tan efectivos en estos casos como
los de relajación, ya que quien se apoya en las píldoras para dormir,
difícilmente lo logra posteriormente sin su ayuda, alterando
peligrosamente sus ciclos vitales, y además causando ese fenómeno que
popularmente se designa como "dormir sin descansar".
Esto no
quiere decir que sean un veneno, sino que sin la debida receta y sin el
control médico pueden resultar en problemas graves, incluida la
adicción a las mismas.
Dormir es fundamental para el organismo,
lo restaura y es esencial para la conservación de la energía y la
termorregulación, así mismo, lo es para tener un grado satisfactorio de
vigilancia y atención durante el día. Por eso si usted padece algún
tipo de insomnio es necesario que consulte a su médico y se aconseja
comenzar a modificar los hábitos que lo puedan estar causando. |