La boca es un elemento esencial de nuestro sistema
digestivo, es el lugar por donde ingresan los alimentos, y participa en
la masticación y deglución de los mismos; además tiene como función
participar en la fonética y en la presentación personal.
Está
delimitada en la parte frontal por los labios: el superior e inferior.
Por arriba, está el paladar, el cual se divide en un sector anterior
(paladar duro) y un sector posterior (paladar blando), también llamado
"velo del paladar". Por debajo se encuentra el piso de la boca, a los
lados están las mejillas o carrillos, y por atrás se encuentra el
"istmo de las fauces" que la separa de la garganta
Adentro
de la boca se encuentra la lengua, formada por numerosos músculos y las
papilas gustativas. Participa en la formación del bolo alimenticio, en
la deglución y en la formación de la palabra, entre otras funciones;
también está la parte visible que son los dientes (20 deciduos y 32
permanentes, según la edad) que se ubican en una canastilla ósea
llamada alvéolo, cuya unión es recubierta por las encías.
La
boca aloja una infinita cantidad de microorganismos -en su mayoría
inofensivos-, a los cuales el ambiente húmedo y el constante flujo de
nutrientes, brindan un hogar ideal.
El Streptococcus Mutans,
bacteria asociada al desarrollo de las caries, es sólo un componente de
los miles de millones que habitan allí, se estima que en la boca hay
entre 200 y 500 especies diferentes de gérmenes y bacterias
distribuidas entre la mejilla, las papilas gustativas, las encías, los
dientes, y hasta el último rincón.
George Bowden ,
microbiólogo de la Universidad de Manitoba aseguró que "en la boca
existe un ecosistema muy complejo". Aunque se procure una adecuada
higiene bucal, millones de bacterias permanecen en ella.
Pero si
no se mantiene una conducta de limpieza para la boca, todos estos
microorganismos que forman la placa bacteriana pueden crear una capa
-biofilm- de hasta un milímetro que estará plagada de los gérmenes del
mal aliento, los causantes de las caries y del sarro entre otros.
El
proceso de formación de esta placa se inicia aproximadamente a las 6
horas del cepillado, por eso es necesario tener el hábito de lavarse
los dientes con frecuencia.
Si bien no es posible deshacerse por
completo de estos microbios, hay que entender a la salud bucal como "un
conjunto de acciones preventivas que mejoran sobremanera nuestra
calidad de vida", pero, que para lograr tenerla, hay que educarse
respecto a los cuidados de la boca, las características de un buen
cepillo dental, y el correcto uso del mismo.
A diferencia del
resto del cuerpo humano, la cavidad oral requiere un poco más de
atención ya que miles de bacterias causantes de enfermedades habitan en
ella, algunas afectan a todo el organismo, generando malestar, y otras,
actúan directamente en la boca. Sin embargo, al vivir sin necesidad de
generar una infección, muchas veces no se las tiene en cuenta, sino
hasta que ya es muy tarde.
Entre las enfermedades que se
producen en la boca está la conocida caries, cuya evolución lenta no
permite percatarse de su existencia hasta que aparece el dolor.
Otro
problema común es el sarro -dientes amarillentos y sin brillo- y la
gingivitis - encías inflamadas, rojas, que sangran con la mínima
presión-, a estas dos afecciones se las conoce también como enfermedad
periodontal. Luego, a consecuencia de la misma, puede producirse lo que
vulgarmente se denomina dientes flojos, cuyo nombre es piorrea, y
cuando involucra la reabsorción del hueso, periodontitis.
Éstas
últimas no duelen, porque se agravan paulatinamente, pero son muy
peligrosas ya que pueden resultar en la caída de piezas dentales. Según
la Organización Mundial de la salud, el 100 por ciento de la población
padece la enfermedad periodontal en algún momento de su vida.
Cuando
una pieza dental permanente se cae, origina otro problema grave: el mal
funcionamiento de la boca, que luego resultará en dificultades con las
articulaciones témporo-mandibulares, en el aparato digestivo, en la
fonación, en la estética y en la psiquis.
Es necesario entonces
tener un cuidado especial, para evitar todos estos problemas. Ese
cuidado se complementa con el control odontológico, que además podrá
detectar cualquier funcionamiento anormal de la boca, incluso, esos
dolores "inexplicables" y molestos que aparecen en alguna muela, sin
causas visibles.
La prevención consiste en varias cosas: En
primer lugar, es cierto que el tipo de alimentación influye mucho en el
comportamiento de los microorganismos que habitan en la boca, pero no
por eso se debe dejar de comer cosas dulces o ácidas, sino que se debe
hacer a conciencia, teniendo en cuenta la frecuencia con la que se
comen, y el tipo de dulce que es.
Las golosinas producen
acidez en la saliva, entonces, disminuyen las defensas naturales y las
bacterias se activan, produciendo una cantidad de destrucción muy
grande en los siguientes veinte minutos -tiempo que tarda la saliva en
interceptar esa acidificación tan grande y volver a la neutralidad- .
Al momento de cuidar los dientes, se distinguen dos tipos de golosinas por sus características: las "amigas" y las "enemigas".
Características
de las enemigas: que sean pegajosas, masticables y que permanezcan
mucho tiempo en la boca. Por ejemplo: los caramelos masticables, gomas
de mascar, chupetines, etc.
Se las considera enemigas porque no
dan tiempo a la boca de volver a la normalidad, entonces se produce una
gran acidificación que aumenta de sobremanera las probabilidades de que
se produzcan caries y se rompa una muela a causa de ellas.
Lo
que se recomienda en estos casos, es que la ingesta de -por ejemplo-
caramelos masticables, sea toda en un lapso de tiempo corto, y
enseguida se higienice la boca.
Características de las amigas:
tienen grasas o aceites, por ejemplo maníes, nueces, chocolates, etc. Y
aquellas que no contienen azúcar (algunos chicles, pastillas).
De
hecho, comer chicles sin azúcar es a veces recomendable para eliminar
restos de comida y mejorar el aliento, pero no reemplazan de ninguna
manera al cepillo de dientes.
La higiene bucodental es la base
de prevención más importante para las enfermedades de la cavidad bucal
y consiste esencialmente en el cepillado dental.
Para empezar,
la elección del cepillo es fundamental. Muchas personas consideran que
mientras más duras sean las cerdas mejor van a limpiar. Esto es un
mito, que inclusive causa graves problemas porque a la larga desgasta
el esmalte de los dientes y afina las uniones, provocando sensibilidad
al frio, al calor, a la presión, etc.
Hoy en día existe una
variedad impresionante de tipos y formas, sin embargo, algunos modelos
pueden dañar las encías, sobre todo si no se los usa correctamente. Lo
recomendable para empezar es un cepillo de cerdas suaves, y de los más
comunes, sin ningún agregado en los bordes o en la espalda. De todos
modos, la persona indicada para preguntarle el tipo de cepillo adecuado
para su boca será el odontólogo.
Existen varias técnicas de
cepillado, cada persona se adecuará a la que le resulte más cómoda y
efectiva. Así mismo, hay algunas pautas claves para lograr una correcta
higienización.
• Las puntas de las cerdas del cepillo deben
apuntar a la unión entre dientes y encías en un ángulo de 45º aprox.
Las cerdas estarán en contacto con la superficie dentaria y con la
encía.
• Se deben cepillar entre 1 y 2 piezas por vez, con un
movimiento suave de adelante hacia atrás varias veces o en pequeños
círculos. Luego pasar a las próximas piezas y así sucesivamente hasta
completar todo el arco dentario.
• Hay que cepillar todas
las caras de las piezas dentarias: las caras vestibulares-las que se
ven, y las pegadas a la mejilla-, las palatinas -que dan al paladar,
parte de adentro del arco superior-, las linguales -parte de adentro
del arco inferior, las oclusales -las que muerden-, y las mesiales y
distales -que son las del espacio interdental-.
• En el
sector anterior, por las caras lingual y palatina, el cepillo debe
entrar de punta y cepillar diente por diente; en el sector inferior
para concretar esto primero se debe mover el mentón hacia el pecho,
para que el mango del cepillo no interfiera con los dientes superiores.
• En las caras oclusales -mordientes- se debe friccionar con fuerza de adelante hacia atrás.
•
Es muy importante cepillar también la lengua, el paladar y las
mejillas, ya que mucha de la placa bacteriana se aloja allí.
•
Es conveniente marcar un camino a respetar para así no olvidar de
higienizar ningún sector, y que sea rotativo, ya que se comienza a
cepillar con un énfasis que va disminuyendo.
Por ejemplo, en
el cepillado de la mañana se puede empezar por las piezas vestibulares
superiores derechas, ir hacia la izquierda, luego las oclusales, y
luego las palatinas, entonces se pasa al arco inferior y se repite la
secuencia. En el del mediodía, se puede empezar por las vestibulares
inferiores derechas, luego en la tarde, por las oclusales, y así
sucesivamente.
El uso de pasta dental es optativo, si bien
sirve para mejorar el aliento y en algunos casos "prolongar la
sensación de limpieza", complementando el trabajo del cepillo, no es
necesaria para la limpieza. Por lo tanto, si se acaba el dentífrico, no
se debe dejar de lavar los dientes.
Por otra parte, es
aconsejable tener hábitos de cepillado. Se recomienda después de cada
ingesta de comida, pero se puede reducir la cantidad a las cuatro
comidas principales: después del desayuno, después del almuerzo,
después de la merienda, y después de la cena.
Recuerde que es
importante consultar a un profesional, éste le explicará didácticamente
cómo cepillarse, le recetará un cepillo, y controlará que su salud
bucal se encuentre en buen estado. |