Aire puro, dieta sana y ausencia de guerras y estrés son claves de este elixir de vida Quienes se instalan en Andorra son jóvenes y sanos y cuando se jubilan, suelen irse.
Roseta vive en Ransol, un pequeño núcleo agregado a la parroquia andorrana de Canillo. Tiene 98 años y hasta hace sólo dos andaba un par de kilómetros cada día. ¿Cuál es el secreto de Roseta para rozar los cien años con su calidad de vida? No hay respuesta científica, pero su dilatada historia encaja con el último informe de la Oficina del Censo de Estados Unidos, en el que Andorra es citado como el país del mundo con mayor esperanza de vida (82,51 años de media). En la lista de la Organización Mundial de la Salud (OMS), este pequeño país pirenaico ocupa el quinto puesto, por encima de España, que está en el décimo.
Percepción de buena salud por los jubilados
Una reciente encuesta realizada en la parroquia andorrana de Sant Julià de Lòria revela que casi la mitad de los jubilados que residen en esa área se declaran satisfechos con su estado de salud (cuando en estas edades un porcentaje de población muy elevado suele acusar alguna patología, hasta invalidante). El 48,8% de los consultados contestó que sus condiciones de vida eran buenas o muy buenas. La encuesta se realizó entre 260 jubilados de más de 65 años, y el único aspecto negativo que se desprendía de la encuesta es que la gran mayoría de los preguntados aseguraba no hacer uso de los equipamientos públicos. Los resultados del sondeo serían equiparables a la realidad de este colectivo de población de la tercera edad en el resto del pequeño país. La mayoría de estas personas de más edad, en Andorra, siguen viviendo con sus familias.
PALABRAS CLAVE
Andorra, Font, Japón, Salud, Estados Unidos, Miquel, Australia, San Marino, OMS, Suiza
Los andorranos se muestran complacidos con las conclusiones
del Censo de EE.UU. aunque expresan poca sorpresa. "Aquí se vive muy bien, sin
aglomeraciones, en plena libertad, y cuando pasas el umbral de la puerta de casa
estás ya en la montaña", afirma Miquel Font, de 46 años y nieto de Roseta. Esa
calidad de vida en un entorno natural explicaría, para los habitantes del
principado, el sobresaliente obtenido en los últimos estudios sobre la evolución
de la esperanza de vida. "Y la atmósfera", recalca Pere Font, de 76 años, padre
de Miquel e hijo de Roseta. "El aire que respiramos también es vida", añade este
hombre curtido en las labores del campo, como cultivador de tabaco y ganadero.
Una responsable de la residencia Clara Rabassa, el único geriátrico
privado de Andorra, opina a título personal que esa buena salud de la que
presumen los andorranos es fruto también "de una vida tranquila, sin guerras,
posguerras ni fugas migratorias". El país jamás se ha visto implicado en una
contienda bélica, "y eso cuenta a nuestro favor en las estadísticas sobre
mortalidad", dice. Guerras y migraciones causan estrés, y en Andorra, esas
situaciones de angustia jamás se han dado.
La gente que llega a Andorra
con intención de instalarse suele ser joven y gozar de buena salud. El
principado aplica criterios estrictos en el campo sanitario a la hora de otorgar
permisos de residencia y trabajo. Muchos de esos inmigrantes abandonan Andorra
cuando se jubilan, lo que reduce los fallecimientos en el país.
El
arraigo familiar y la conservación de las tradiciones en las parroquias más
pequeñas se apuntan como otros factores positivos en esa esperanza de vida que
supera, según la oficina norteamericana, a sociedades como la japonesa. La
mayoría de los ancianos de Andorra sigue viviendo con sus familias, como Roseta:
bajo su techo coinciden cuatro generaciones. "A las residencias suelen llegar
personas afincadas aquí, pero nacidas fuera del país", revela la trabajadora de
Clara Rabassa. Envejecer sin apartarse de las raíces ayuda a sumar años. Roseta
visita de forma periódica a una hija en Canillo, pero por la
noche vuelve a dormir a su casa de Ransol.
Los gobiernos de Andorra han
dotado a las parroquias de equipamientos que fomentan el deporte, el contacto
entre vecinos y la relajación. Ofrecer estos servicios públicos resulta fácil en
una sociedad que no llega a los noventa mil habitantes. Pere Font corrobora que
las personas de la tercera edad disponen de muchas oportunidades para
actividades o viajes. Otra cosa es que las aprovechen. Los equipamientos son
usados por escolares y jóvenes. Ahí están el futuro y la clave para aumentar esa
fuente de vida.
